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Frases célebres - Richard Dawkins


Casi todas las culturas han desarrolado su mito de creación propio, y la historia del Génesis es simplemente la que fue adoptada por una tribu particular de pastores del Medio Oriente. No tiene más especial jerarquía que la creencia de determinada tribu de Africa Occidental de que el mundo fue creado a partir del excremento de hormigas.
 
Richard Dawkins

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El diseño estúpido


En palabras de un gran científico, el Astrofísico Neil DeGrasse Tyson:

...¿Por qué no mejor llevamos una cuenta de todas esas cosas cuyo diseño es tan anticuado, bobo, impráctico o disfuncional que reflejan la ausencia de inteligencia?

Tomemos la forma humana. Comemos, bebemos, y respiramos a través de mismo agujero en nuestra cabeza, y así, a pesar de la epónima maniobra de Henry J. Heimlich, asfixia es la cuarta causa de “herida mortal no intencionada” en los Estados Unidos. ¿Qué hay del ahogarse, la quinta causa? El agua cubre casi tres cuartos de la superficie de la Tierra, y aún así somos criaturas de tierra –sumerge tu cabeza sólo unos cuantos minutos y te mueres.

O tomemos nuestra colección de partes corporales inútiles. Para qué sirve el diminuto dedo pequeño del pie? ¿Qué hay del apéndice, el cual deja de funcionar después de la niñez y desde entonces sólo sirve como fuente de apendicitis? Las partes útiles también pueden ser problemáticas. A mí me gustan mis rodillas, pero nadie nunca las ha acusado de estar bien protegidas de golpes o sacudidas. Estos días, la gente con problemas de rodillas puede reemplazarlas quirúrgicamente. Y en lo que respecta a nuestra columna proclive a dolores, puede pasar un buen rato para que alguien encuentre una forma de cambiar eso.

Y ¿qué de los asesinos silenciosos? Presión sanguínea alta, cáncer de colon y diabetes, cada una causa decenas de millares de muertes en los E. U. cada año, pero es posible que no sepas que estás afectado hasta que tu especialista te lo dice. No sería lindo que tuviéramos bio-indicadores integrados para advertirnos de tales peligros con buena ventaja? Hasta los autos baratos tienen indicadores de motor después de todo.

Y que diseñador comediante configuró la región entre nuestras piernas un complejo de entretenimiento construido alrededor de un sistema de aguas residuales?

El ojo a menudo es sostenido como una maravilla de la ingeniería biológica. Para el astrofísico, sin embargo, es sólo un detector regular. Uno mejor sería mucho más sensitivo a las cosas oscuras en el cielo y a todas las partes invisibles del espectro. Cuanto más impresionantes serían los atardeceres si pudiésemos ver el ultravioleta y el infrarrojo. Que útil sería, que con una mirada pudiésemos ver cada fuente de microondas en el ambiente, o saber cuáles transmisores de estación de radio están activos. De cuanta ayuda sería que pudiéramos identificar los detectores de radar policíacos en la noche.

Piensa en lo fácil que sería navegar por una ciudad no familiar si, como los pájaros, pudiésemos siempre decir por donde es el norte por la magnetita en nuestras cabezas. Piensa cuan mejor sería si tuviéramos agallas a la vez que pulmones, cuanto más productivos si tuviéramos seis brazos en vez de dos. Y si tuviéramos ocho, podríamos conducir un auto con seguridad mientras simultáneamente hablamos por el celular, cambiamos la estación de radio, nos maquillamos, bebemos y nos rascamos la oreja izquierda.


....La ciencia es una filosofía de descubrimiento. El diseño inteligente es una filosofía de ignorancia. No puedes construir un programa de descubrimiento asumiendo que nadie es lo suficientemente listo para averiguar la respuesta al problema.
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La banca siempre gana: Termodinámica para principiantes


Se considera que las Leyes de la Termodinámica son las leyes de «más categoría» de toda la física, y por ende, de toda la ciencia. Son las más comprobadas de toda la ciencia, y se consideran auténticos pilares de la física. Si algún día se demostraran equivocadas, toda nuestra ciencia moderna se tambalearía.
Y sin embargo, pese a su importancia, son menos conocidas por el «ciudadano de a pie» que otras, como la Ley de Gravitación Universal, o la Ley de Acción y Reacción (Tercera Ley de Newton). Pues bien, en el artículo de hoy las repasaremos utilizando una divertida forma de recordarlas (una conocida formulación humorística de las tres leyes clásicas de la termodinámica, cuyo origen desconozco).

Primera Ley

La Primera Ley de la Termodinámica, en realidad sí que es muy conocida por el público en general, y posiblemente sea la ley física más conocida por todo el mundo. Se trata de la ley de conservación de la energía, que podemos enunciar así: «La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma».
Su enunciación formal es diferente, pero la idea que subyace es esa. En cualquier proceso que podemos imaginar, la energía en juego es siempre la misma. Si ganamos energía, debe ser a costa de algo o alguien, y si la perdemos, debe ir a algún sitio. No podemos obtener energía de la nada, o como dice el dicho popular, «de donde no hay, no se puede sacar».
Durante siglos, inventores de todo tipo han intentado encontrar lo que se denomina «máquina de movimiento perpetuo de primera especie»: una máquina que produce más energía de la que consume. Pero como podemos ver, eso es imposible. La Primera Ley nos lo impide.

En el juego de la termodinámica, sencillamente, no puedes ganar.


Segunda Ley

La Segunda Ley de la Termodinámica es algo menos conocida, y más «críptica». Puede que a alguno le suene como la ley de «eso raro de la entropía». En efecto, la enunciación más común de la Segunda Ley nos dice que la entropía de un sistema (cerrado y que no esté en equilibrio), tiende a incrementarse con el tiempo, hasta alcanzar el equilibrio.
¿Y eso qué significa? ¿Qué es eso de la entropía? Bueno, podemos definir la entropía como la «energía no aprovechable» para realizar un trabajo. Es decir, una energía que está ahí, pero que no podemos utilizar. ¿Y cómo es eso? Veamos, cualquier objeto del universo, por el mero hecho de estar a una temperatura superior al cero absoluto (0 K), tiene una energía interna, que denominamos calor (en realidad, siendo puristas, el calor es la transferencia de esa energía interna, pero de momento no necesitamos ser tan precisos). Pero para aprovechar ese calor, el objeto debe poder transferirlo a otro. Y para que esto ocurra, ese segundo objeto debe tener menor temperatura.

Esto es muy fácil de entender si pensamos en lo siguiente: imaginemos que tenemos una jarra de leche caliente, y otra de leche fría. Si mezclamos ambos líquidos, la leche fría se calentará, y la caliente se enfriará, hasta que tengamos toda la leche a la misma temperatura. Sin embargo, si volvemos a separar la leche en dos jarras, nunca, jamás de los jamases, una se enfriará a costa de la otra (que se calentaría), de forma natural. Al mezclar la leche de las dos jarras, hemos realizado un proceso irreversible. Si queremos volver a tener una diferencia de temperatura entre las jarras, necesitaremos una fuente de energía externa, para «bombear» el calor de una a la otra.

Así que podemos pensar que la Segunda Ley nos dice que el calor fluye de forma natural de los cuerpos de más temperatura, a los de menos. Y si queremos invertir ese proceso, necesitamos aplicar energía. Por eso los aires acondicionados y los frigoríficos consumen energía, a pesar de extraer calor (energía) de otros objetos, ya que ese calor extraído no es aprovechable.
Una de las consecuencias de esta ley (y así la definió Lord Kelvin), es que no podemos transformar el 100% del calor en energía aprovechable. O lo que es lo mismo, no existe ningún proceso de transformación de energía, 100% eficiente. En todo proceso, perderemos algo de energía, en forma de calor, que se utilizará para elevar la temperatura de algún componente de nuestra máquina, o de su entorno, y no podremos aprovechar.
Durante siglos, los inventores han intentado también encontrar una forma de transformar la energía, con una eficiencia del 100%. Pero eso sería una «máquina de movimiento perpetuo de segunda especie», algo menos ambiciosa que la de primera especie, pero igualmente imposible, ya que la Segunda Ley nos lo impide.

En el juego de la termodinámica, tampoco puedes empatar.

Tercera Ley

La Tercera Ley de la Termodinámica, sí que es una «gran desconocida» para público en general. Es «la otra», el George Harrison de la Termodinámica. Y sin embargo también es fundamental, ya que nos permite definir escalas absolutas de temperatura. Básicamente nos dice que es imposible alcanzar la temperatura de 0 K (cero absoluto), en un número finito de procesos, lo que en la práctica significa que es imposible alcanzar dicha temperatura.
Eso quiere decir que todos los objetos del universo tienen una temperatura superior a 0 K, por lo que todos los objetos del universo, tienen algo de calor, aunque sea muy poco. Y por tanto, ninguno escapa de la Termodinámica.

En el juego de la termodinámica, ni si quiera puedes abandonar.

«Ceroésima» Ley

Existe una Ley Cero de la Termodinámica. Este curioso nombre es debido a que es mucho más básica que las demás, pero se enunció con bastante posterioridad (ya teníamos una Primera Ley). Dice que dos sistemas que estén en equilibrio termodinámico con un tercero, entonces están en equilibrio entre sí. Puede parecer una perogrullada, pero es necesaria enunciarla formalmente.


Tiranía termodinámica

Si nos quedamos con las tres leyes clásicas de la termodinámica, tenemos un juego en el que nunca querríamos participar, si tuviéramos la posibilidad de elegir:
No puedes ganar.
No puedes empatar.
No puedes abandonar.

Así que sólo nos queda perder. Y ciertamente, si el universo durase lo suficiente, llegaría un momento en el que todas sus partículas estarían a la misma temperatura, y sería imposible ningún proceso termodinámico. Es lo que se conoce como la Muerte Térmica del Universo.

Pero no podemos elegir. Es el juego que nos ha tocado jugar, y no podemos cambiar sus reglas.

Texto extraído de  HAL 9000
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Percepción y estupidez

En primer lugar quiero pedir disculpas a Amazings y al colaborador invitado Enrique Sahagún por el copia/pega descarado de su artículo, pero me ha parecido una síntesis muy acertada de la realidad que vivimos. Estamos rodeados de magufos, chamanes, adivinadores, de gentes con acceso a poderes milagrosos y de seres mitológicos.

Tal y como cita el artículo, realmente parece que estamos “cableados” para la estupidez, aunque personalmente creo que estamos “cableados” para la comodidad y la vagancia. Es infinitamente más fácil admitir la realidad que tanto ser mágico indetectable, pero el problema es que hay que leer, entender y esforzarse en aprender. Eso no parece estar al alcance de todos, por el motivo que sea.
La superstición da "conocimientos" instantáneos, en cambio conocer la realidad requiere de un mínimo de esfuerzo y tiempo.

Por otro lado, parece ser más gratificante para otros huir de la realidad, al igual que un borracho bebe para olvidar. Parece ser que algunos no son capaces de vivir una vida plena, con las limitaciones y problemas que todos tenemos, y se inventan una “realidad” paralela que les resulta más confortante: “Mi padre ha muerto, pero le volveré a ver”, “Mi vida está llena de sufrimiento, pero me espera el paraíso”, “He hecho cosas muy malas en esta vida, pero Dios me perdonará y seré feliz en un lugar mágico”, "Podré controlar mi vida y lo que me angustia si rezo/consulto el horóscopo/uso un remedio homeopático para curarme/me adivinan el futuro/...

Estar “ebrio” no es una solución a nada, no da respuestas a nada, simplemente estas enfermo, aunque momentáneamente te parezca que estas feliz. Tan sólo te estás apartándote de la realidad y tomando decisiones basandote en conceptos erroneos y, en ocasiones, francamente estupidos.

Y después de esta parrafada, os dejo con el artículo publicado en Amazings - Percepción y estupidez



Existen varias maneras de malinterpretar la realidad. Una mala percepción de la misma representa el caso mas elemental. La obvia limitación de nuestros órganos sensoriales, fallos en ellos o sencillamente falta de atención nos hacen percibir la realidad de forma torpe o sencillamente errónea.

El siguiente nivel lo constituye una buena percepción de la realidad asociada con falta de información. Cuando las primeras civilizaciones comenzaron a asociar figuras cotidianas a los conjuntos de cuerpos celestes, lo hacian pensando que éstos estaban enclavados en una esfera enorme en cuyo centro se encontraban ellos. Su percepción de los cuerpos celestes y su movimiento era perfecta. Tanto que incluso llegaron a proponerse modelos de funcionamiento para ellos. Sin embargo carecían de información relevante para entender la realidad del universo: el propio movimiento de la Tierra o el hecho de que las estrellas fuesen soles alejados de nosotros (y entre ellos) por distancias inimaginables.

Una buena percepción asociada con falta de información les hizo tener una comprensión de la realidad, por decir poco, muy limitada.

Pero tal vez la forma mas sublime de malinterpretar la realidad sea aquella en la que, habiendo una buena percepción y teniendo una cantidad adecuada de información para entenderla, uno decide ser un estúpido. No utilizo estúpido como insulto sino como epíteto descriptivo. No pretendo ofender a nadie y de hecho me incluyo entre ellos.

Por continuar con el ejemplo de las estrellas, hoy entendemos muy en profundidad su funcionamiento. Sabemos lo que son, donde se encuentran, cuando nacieron y cuando morirán. Y sin embargo, muchos de nosotros seguimos leyendo el horóscopo cada mañana. Bastaría tomar un libro de ciencia elemental para saber que las figuras con que dibujamos a los dioses mitológicos en el cielo nocturno no tendrían ningún sentido en cualquier otro punto de la galaxia. Pero aún así preferimos ser estúpidos.

Vivimos una época dorada de conocimiento no solo por la cantidad que atesoramos sino por la facilidad de acceso. Y seguimos prefiriendo creer que hace dos mil años los milagros eran frecuentes (hoy por algún motivo ya no podemos caminar sobre las aguas ni vivir dentro de ballenas o ascender a los cielos en caballos en llamas). No nos extraña que Dios prefiriese hablar a mentes curiosas sobre la evolución o el heliocentrismo antes que a sus propios vicarios. Preferimos pensar que las manchas de humedad son parientes que olvidaron decirnos algo mientras vivían o que el cancer de páncreas puede curarse con zumos (la estupidez llega a todas partes).

¿Y qué ocurre cuando chocamos con el durísimo muro de la realidad? No hay problema. Existe una batería infinita de frases y excusas con que eludir el accidente y cubrirnos aún mas con el lodo de la estupidez: “la ciencia no lo sabe todo”, “yo no creo… pero haberlas haylas”, “los caminos del señor son misteriosos” o mi preferida “vivimos en democracia y mis creencias son tan válidas como las tuyas”.

Y el hecho señores, es que la realidad no es democrática.

Parafraseando (libremente) al interesantísimo Michael Shermer, “al parecer estamos cableados para la estupidez”.

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Este artículo participa en los Premios Nikola Tesla de divulgación científica y nos lo envía Enrique Sahagún, diseñador gráfico y Doctor en física en el Dpto. Física de la Materia Condensada de la Universidad Autónoma de Madrid.

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Experimento evolutivo de 57 años de duración

Publican resultados de las mutaciones genéticas sufridas por unas moscas de la fruta mantenidas de manera artificial en condiciones de oscuridad durante 57 años.
Foto
Mosca de la fruta normal (izquierda) y variante dark-fly (derecha).
Fuente: Universidad de Kioto.

Puede parecer increíble pero todavía hay fanáticos que no “creen” en la evolución, es decir que se niegan a ver un hecho de la realidad.


Distingamos, una vez más, entre el hecho evolutivo; es decir, que las especies cambian con el tiempo; y la teoría que explica ese hecho. Los objetos caen en el campo gravitatorio, y esto es un hecho, y por otro lado tenemos la teoría newtonia de la gravedad o la Relatividad general que tratan de explicar ese hecho (y esperemos que haya algún día una teoría cuántica de gravedad). Los seres vivos evolucionan y esto no es que sea una prueba de nada, es una evidencia. Además tenemos teorías que explican, bastante bien por cierto, cómo se da esta evolución, aunque estén sujetas a continua revisión.

Una de las dificultades con las que se las tiene que ver el estudio de la evolución es la escala de tiempo implicada. Sería precioso sembrar un planeta con vida y colocar el sistema planetario en cuestión en una “burbuja temporal” en la que el tiempo transcurra más deprisa que para nosotros. A mil de años por minuto podríamos ver cómo las especies cambian, se escinden en otras, desaparecen o aparecen nuevas especies.

Este tipo de experimento acercaría el estudio del hecho evolutivo al método experimental usado por la Física. Pero es sólo un experimento mental de ciencia ficción, pues no parece haber una manera de controlar el tiempo de ese modo. El tiempo no es absoluto, es relativo, pero no es maleable a nuestro antojo.

Hay eventos que transcurren muy despacio, pero que aun así dejan una huella en algún tipo de registro. Los continentes se mueven a la velocidad con la crece una uña humana, lo podemos medir, pero hay multitud de pruebas en el registro geológico que así lo demuestra. Las especies evolucionan y han dejado pruebas de ello en el registro fósil.

Pero si la escala de tiempo es un problema, ¿por qué no hacer un experimento que dure años? Esto requiere cierto sacrificio por parte del investigador que lo realiza, pues no podrá publicar nada sobre él en mucho tiempo, quizás incluso puede que no llegue a ver el resultado. Aún así estos experimentos se realizan de vez en cuando.

El experimento de la gota de brea, que se inició en 1930, pretendía demostrar que algunas sustancias que aparentemente parecen sólidas en realidad son muy viscosas. Varías gotas de brea han caído desde entonces a un ritmo de una por década.
Hay incluso científicos sociales que hacen un seguimiento durante muchos años de las personas y ven cómo les va en la vida dependiendo de sus perfiles psicológicos o estrato social.

En evolución no podemos esperar millones de años para ver como los pingüinos evolucionan a un animal gigante con un estilo de vida similar al de las actuales ballenas, pero si escogemos especies que se reproduzcan muy rápidamente sí podemos ver cómo evolucionan.

En 2009 se publicaron los resultados de un experimento con bacterias que duró 21 años en el que se sucedieron 40.000 generaciones. Ahora se publican en PloS los resultados de otro experimento, esta vez con moscas de la fruta, que ha durando casi 6 décadas.

Syuichi Mori, de la Universidad de Tokio, introdujo en 1954 unas moscas de la fruta en un recinto en total oscuridad y dejó que se reprodujeran. Este investigador incluso ya no está entre nosotros, pero durante todos estos años él y otros han mantenido vivas a esas moscas. Moscas que han dado lugar a una variedad distinta a la habitual (dark-fly) en estas 1400 generaciones y 57 años.

Ahora un equipo de investigadores publica resultados sobre el análisis genético de estos insectos. Estas moscas aparentemente no se distinguen mucho de las habituales, pero su estudio genético ha revelado que han sufrido profundos cambios a ese nivel. El análisis muestra que han aparecido mutaciones en 220.000 del tipo polimorfismos de un solo nucleótido y 4700 inserciones y eliminaciones. La mayoría de estos cambios no parecen tener un impacto profundo, pero algunos son significativos.

Un 1,8% de esos polimorfismos de un solo nucleótido son cambios sustanciales, pues no son sinónimos de la configuración previa y tienen, por tanto, un efecto en la secuencia de proteínas. Entre ellas hay 28 mutaciones sin sentido, pues producen un codón stop en la secuencia de proteína. Algunas de estas últimas afectan a los receptores olfativos y luminosos.

Además han encontrado 21 regiones ROH en el genoma de estas moscas en donde se han identificado 241 alteraciones, tanto de polimorfismos de un solo nucleótido como inserciones y eliminaciones. Estas alteraciones afectan a genes relacionados con procesos de destoxificación. También han podido comprobar que ha desaparecido un gen que está implicado en la metabolización de ácidos grasos.
Las mutaciones en los receptores luminoso afectan al ciclo cicardiano y las que afectan a los receptores olfativos podrían ayudar a discriminar mejor los olores para así reconocer mejor a otros individuos y objetos en ausencia de luz.

Los autores del estudio especulan en un momento dado del artículo que quizás la luz juega un papel en el proceso de destoxificación de las moscas normales de la fruta y que las “moscas a oscuras” han tenido que usar otros mecanismos para realizar ese proceso. Ponen como ejemplo el caso de la bilirrubina en humanos que requiere de la luz para poder ser metabolizada.
Tampoco excluyen que algunas de las mutaciones no sean el resultado de un proceso de adaptación al ambiente.


Un articulo de NeoFronteras

Fuentes y referencias:
Nota de prensa.
Artículo original (en abierto).
Evolución en 40000 generaciones.

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El matrimonio cristiano


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Un saludo de despedida a Manuel


Manuel, de la Ciencia y sus demonios, va a dejar de publicar en dicho blog. Según nos cuenta hay dos motivos: un proyecto de investigación y el cansancio (intuyo el motivo).

Esperemos que vuelva pronto, hacen falta tipos como él.

Os invito a leer su entrada “Hasta otra, amigos“ y me sumo a su tango Cambalache...





Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé…
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé…
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos…
¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!…
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!

No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!…
¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y “La Mignón”,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín…
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón…
¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!…
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley…

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